Ideas cortas.

La palabra no es el sitio del resplandor, pero insistimos, insistimos, nadie sabe por qué. (Rafael Cadenas)

Nov 23

Dos poemas de Bolaño

Lupe
  
Trabajaba en la Guerrero, a pocas calles de la casa de Julián  
y tenía 17 años y había perdido un hijo.  
El recuerdo la hacía llorar en aquel cuarto del hotel Trébol,  
espacioso y oscuro, con baño y bidet, el sitio ideal  
para vivir durante algunos años. El sitio ideal para escribir  
un libro de memorias apócrifas o un ramillete  
de poemas de terror. Lupe  
era delgada y tenía las piernas largas y manchadas  
como los leopardos.  
La primera vez ni siquiera tuve una erección:  
tampoco esperaba tener una erección. Lupe habló de su vida  
y de lo que para ella era la felicidad.  
Al cabo de una semana nos volvimos a ver. La encontré  
en una esquina junto a otras putitas adolescentes,  
apoyada en los guardabarros de un viejo Cadillac.  
Creo que nos alegramos de vemos. A partir de entonces  
Lupe empezó a contarme cosas de su vida, a veces llorando,  
a veces cogiendo, casi siempre desnudos en la cama,  
mirando el cielorraso tomados de la mano.  
Su hijo nació enfermo y Lupe prometió a la Virgen  
que dejaría el oficio si su bebé se curaba.  
Mantuvo la promesa un mes o dos y luego tuvo que volver.  
Poco después su hijo murió y Lupe decía que la culpa  
era suya por no cumplir con la Virgen.  
La Virgen se llevó al angelito por una promesa no sostenida.  
Yo no sabía qué decirle.  
Me gustaban los niños, seguro,  
pero aún faltaban muchos años para que supiera  
lo que era tener un hijo.  
Así que me quedaba callado y pensaba en lo extraño  que resultaba el silencio de aquel hotel.  
O tenía las paredes muy gruesas o éramos los únicos ocupantes  
o los demás no abrían la boca ni para gemir.  
Era tan fácil manejar a Lupe y sentirte hombre  
y sentirte desgraciado. Era fácil acompasarla  
a tu ritmo y era fácil escuchada referir  
las últimas películas de terror que había visto  
en el cine Bucareli.  
Sus piernas de leopardo se anudaban en mi cintura  
y hundía su cabeza en mi pecho buscando mis pezones  
o el latido de mi corazón.  
Eso es lo que quiero chuparte, me dijo una noche.  
¿Qué, Lupe? El corazón

-Roberto Bolaño
***

Los Detectives Perdidos  
Los detectives perdidos en la ciudad oscura.  
Oí sus gemidos.  
Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud.  
Una voz que avanza como una flecha.  
Sombra de cafés y parques  
frecuentados en la adolescencia.  
Los detectives que observan  
sus manos abiertas,  
el destino manchado con la propia sangre.  
Y tú no puedes ni siquiera recordar  
en dónde estuvo la herida,  
los rostros que una vez amaste,  
la mujer que te salvó la vida.  

-Roberto Bolaño

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