Ideas cortas.

Aparecimos ante la imperceptible ausencia de las palabras, así nos dedicamos a creerlas

Nov 19


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Nov 16


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De sobra sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera. Y sin embargo un rato cada día ya ves te engañaría con cualquiera…


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Nov 15

Maldad

Ella lo había dicho, ¿cómo podía negarlo?, era yo un ser lleno de maldad, eso quería decir un montón de cosas que ni siquiera había considerado antes de saberme malo.

Hora de reconsiderar mi vida, ya no podía andar por ahí suponiendo que lo mío era hacer el bien sin mirar a quien, lo que era peor, tenía que recapitular cada acto, porque ahora no podía estar seguro de que mis amigos lo fueran. Siempre pensé que andaba con personas bellas que si bien tenían algún defecto se esforzaban por andar al menos sin joder al otro, pero ahora, tenía que pensar si andaba con los de mi estirpe y entonces les había comprado una falsa cara, o si por el contrario andaba con gente buena para poder de manera sutil descarriarlos.

Eso tomaría un tiempo, no tanto por el número de amigos, sino por las horas de reflexión que invertiría en cada caso. Ya arreglada esa situación entonces comenzaría lo más difícil, ¿qué nueva actitud tomaría frente al mundo?, y no es que antes anduviera a capa y calzón, pero eso de que los primeros cuentos premiaran siempre a los buenos y los malos terminan en hornos para pan, hacía sencillo no tomar riesgos.

Creo que al final tomaré una posición intima hacia la maldad, no cambiaré en lo absoluto, así nadie sabrá que lo sé, pero cuándo esté a solas conmigo, podré reírme alto, pobres, ellos no saben que estoy lleno de maldad.


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Delicado

Había perdido de vista el ayuno intenso que precedía tus sueños, inconcluso el relato que hablaba de vísperas seductoras, ocasos decepcionantes, intercambios efímeros, te incorporabas al filo de la cama, desdecías el silencio y comenzabas una caminata torpe rumbo a un lugar distante en busca del sueño que neciamente te esforzabas en abandonar.

Llevaba ya horas siguiendo ese maldito ovillo de un hilo de color indecible, el paisaje cambiaba a cada paso y si decía horas era por intuición que la iluminación pasaba sin esfuerzo del mediodía árabe a la noche en irlanda. Al fin dejo de rodar pero el hilo ahora negro parecía cubrirlo todo, pensé por un instante tejer algo, abandoné la idea desconsolada, ahora nadie me creería.

Se derrumbó justo antes de caer al río, intento desbordarlo a base de lágrimas, lo habría logrado, pero amaneció tan pronto.


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Nov 14

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LA SIMPLICIDAD

Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida, ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo cambiar. Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada, la tomo y me acuesto con ella al instante. Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada. Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida. Ese será mi regalo. Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la hago desaparecer inmediatamente. Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo como se me antojaba. Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo.)

Henri Michaux


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“Falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no recuerdo.” Alejandra Pizarnkik, 1 de noviembre 1960

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Posesiones

Deseo poseerte, me esfuerzo en ello, rechazas mis avances, me permites el paso, vaivén.

¿Deseas mi posesión?

Si te tomo, ¿qué pasara contigo?, ¿desaparecerás para ti?

El poseso no existe, es un imposible, no hay posesión, todo es un juego.


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Ménage à trois

La intención oscura de uno de los participantes hacía de la velada un asunto obsceno, aunque quién había pagado por tal espectáculo desde niño creía que todo triangulo tiene un vértice perverso.

Hasta dónde alcanzaba la vista -unos pocos metros- no existía un muro, la cama iluminada rompía, cómo una ciudad en medio del desierto, con la perfección de las tinieblas. Sobre la cama los cuerpos desnudos, rostros perfectos, cuerpos diversos.

Dos labios uniéndose sobre un cuerpo qué retozaba de placer, gemidos asíncronos que entraban encajando perfecto con una melodía de silencios, un aroma fuerte desvaneciéndose al infinito, cada vez más débil y más seductor con la distancia.

Un rayo de luz cambia de dirección al encontrarse con una hoja fina de metal que se presenta alto pendiendo de los brazos de uno, momento de orgasmos, todos, el que ve y los que actúan. Gritos, el cuchillo en la cama atravesando una flor blanca.

Aplausos, corte y queda.


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